¿Tienen los mismos derechos los convivientes en pareja estable que los cónyuges?

En la Sentencia del Tribunal Constitucional nº 155/1998, de 13 de julio, se resolvía un recurso de amparo interpuesto por una ciudadana, que había convivido en pareja estable en una vivienda arrendada, entre los años 1973 y 1979 (antes de la publicación de la Ley del Divorcio) con el arrendatario, que estaba casado, pero no divorciado. Una vez rota la relación more uxorio, la señora continuó residiendo en dicha
vivienda, a lo que el arrendador se opuso, por defender que existía un subarriendo inconsentido.

Finalmente, el Alto Tribunal concluye que, si
bien el matrimonio y la convivencia extramatrimonial “no son situaciones equivalentes, sino realidades jurídicamente distintas”; ante la imposibilidad de acudir al divorcio, debía presumirse que quienes convivieron more uxorio lo hicieron así porque no gozaron de la libertad efectiva para contraer matrimonio toda vez que no existía el divorcio en España, y, en consecuencia, debía reconocérseles los mismos derechos que hubieran tenido de haber formado una convivencia matrimonial.

En la actualidad, la afirmación de que “el matrimonio y la convivencia extramatrimonial son realidades jurídicamente distintas” está más que asentada, existiendo un variado elenco de leyes que prevén soluciones jurídicas diferenciadas para cada caso.

  • Fiscalmente, las diferencias son evidentes; comenzando por la imposibilidad de las parejas estables de tributar conjuntamente en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas. En cuanto al resto de impuestos, será importante conocer dónde reside el interesado/a, pues cada Comunidad Autónoma tiene autonomía para regular muchos aspectos con trascendencia.
  • En cuanto al ejercicio de la guarda de los menores, no existe distinción legal alguna entre hijos matrimoniales y extramatrimoniales.
  • El régimen de convivencia, incluida la vertiente más económica, se regula exclusivamente por los pactos que las partes lleven a cabo. La pareja estable no tiene un régimen económico determinado, sino el que pacten. Para el supuesto de que no existan pactos relativos al régimen económico matrimonial, deberemos examinar si existían pactos tácitos entre los miembros de la pareja de hecho, que puedan acreditar que la intención fue siempre la de separar sus bienes, o compartirlos todos ellos. Y cuidado con estos pactos tácitos, puesto que, en un caso de una pareja en la que uno de ellos compró lotería y ganó el máximo premio, no quiso compartirlo con su pareja, por lo que cortó la relación. El ganador del premio fue denunciado por un delito de apropiación indebida, y el Juzgado le dio la razón al querellante, pues habían compartido todos sus bienes, incluidas las nóminas y las pagas extras, que se ingresaban en una cuenta corriente común.
  • El conviviente que haya trabajado más que el otro para la casa, o para éste último, sin retribución, o con una insuficiente, tiene derecho a solicitar una compensación económica por razón de trabajo, igual que el cónyuge; aunque con ciertas especificidades.
  • Si se produce un desequilibrio económico, la parte más desfavorecida no puede solicitar una prestación compensatoria (como en el caso de matrimonio), pero sí una prestación alimentaria.
  • En Catalunya, el conviviente tiene los mismos derechos viudales que el cónyuge; si no existe testamento, y concurre en la herencia con los hijos, tiene derecho al usufructo universal de todos los bienes del fallecido, aunque puede conmutarlo por la cuarta parte alícuota de la herencia, y el usufructo de la vivienda habitual. Si el difunto no tuviera hijos, la herencia se difiere al conviviente en su totalidad (aunque los padres conservan la legítima). Si no existe testamento, al igual que en los matrimonios, el supérstite no tiene derecho a suceder si estaban separados de hecho en el momento de la muerte.
  • Concretamente, la pensión de viudedad también se prevé para el sobreviviente de la pareja de hecho; sin embargo, los requisitos se endurecen:
    • El fallecimiento tiene que ser posterior al 1 de enero de 2008
    • La pareja de hecho debe estar inscrita o formalizada en documento público con una antelación mínima de 2 años
    • Convivencia ininterrumpida no inferior a 5 años
    • Requisitos económicos relativos a ingresos bastante duros

En conclusión, como se puede observar, sí existen diferencias jurídicas entre formar parte de una pareja de hecho y ser matrimonio. Sin embargo, en algunos aspectos conviviente y cónyuge tienen los mismos derechos. Será necesario examinar caso por caso.

 

 

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